En este artículo reviso la problemática relación entre la ciencia y la filosofía; en particular, abordaré la cuestión de si
la ciencia necesita de la filosofía y ofreceré algunas perspectivas positivas que deberían ser útiles para desarrollar una
relación sinérgica entre ambas. Revisaré tres líneas de razonamiento que a menudo se emplean para sostener que la filosofía
es inútil para la ciencia: (a) el diagnóstico de la muerte de la filosofía (“la filosofía está muerta”); (b) el argumento/desafío
histórico-agnóstico: “muéstrame ejemplos en los que la filosofía haya sido útil para la ciencia, porque no conozco ninguno”;
(c) el argumento de la división de propiedades (o: la filosofía y la ciencia tienen distintos objetos de estudio, por tanto
la filosofía es inútil para la ciencia). Estos argumentos serán contrarrestados con tres tesis en el sentido de que las ciencias
naturales necesitan de la filosofía. Haré lo siguiente: (a) señalar la falacia del antifilosofismo (o: “para negar la necesidad
de la filosofía, uno debe hacer filosofía”) y examinar el papel de los paradigmas y las presuposiciones (o: por qué la ciencia
no puede vivir sin la filosofía); (b) indicar por qué fracasa el argumento histórico (mediante un ejemplo de la mecánica cuántica,
vivo y en plena vigencia); (c) esbozar brevemente algunos dominios de intersección entre la ciencia y la filosofía y cómo
ambas pueden tener una sinergia mutua. Concluiré con algunas implicaciones de esta relación sinérgica entre ciencia y filosofía
para las artes y ciencias liberales.